Quién hace qué
La necesidad de un movimiento social capaz de influir en las políticas
Los mecanismos establecidos en África para el logro de la igualdad de género necesitan urgentemente su consolidación, en opinión de Fatou Sarr, socióloga, directora del Laboratorio de Género y de Investigaciones Científicas de la Universidad Cheikh Anta Dop de Dakar y consultora internacional. Sarr propone aquí algunas vías de actuación que exigen siempre el apoyo a los movimientos sociales.
Nuevo miembro del Parlamento ruandés jura su cargo en la ceremonia de apertura de la nueva Asamblea Nacional, el 10 de octubre de 2003, ante el presidente de Rwanda, Paul Kagame.
© AFP
Tras la Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en México en 1975, la mayoría de los países africanos comenzó a adoptar medidas dirigidas a garantizar la igualdad entre mujeres y hombres. Con una excepción: el caso de Ruanda que, desde 1965, cuenta con un primer mecanismo, aunque todavía un poco falto de contenido, tal como explica Fatou Sarr en un informe hecho en 2008. Sin embargo, ello no impide que el Ministerio de Género y de Promoción de la Mujer creado en 1999 en Ruanda sea, según la socióloga, un modelo a seguir, en la medida en que su misión ha sido claramente formulada: promover la igualdad y la equidad de género en el proceso de desarrollo y dirigir el paso de un enfoque vertical a otro de carácter transversal.
Ahora bien, la situación es otra en países como la República Democrática del Congo, Senegal, Gabón o Togo. “Muy a menudo”, nos explica Sarr, “los países han dispuesto generalmente sólo de planes de acción con programas eclécticos y específicos que responden a las exigencias impuestas por sus socios en materia de desarrollo”.
Desde la celebración de la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing en 1995, se han creado “Consejos Nacionales de la Mujer” en la mayor parte de los países. Se trata de un órgano consultivo de los gobiernos, cuyas actividades se resumen muchas veces en la organización de acontecimientos especiales. Otra novedad es la creación de los denominados “Puntos focales de género”; por desgracia, añade la socióloga, frecuentemente éstos carecen de competencias, de conocimientos expertos y sobre todo de influencia, ya que no ocupan ninguna posición estratégica (salvo en el caso de Ruanda). A lo anterior se añade la enorme falta de fondos de los ministerios responsables de este asunto (a menudo cuentan con menos del 1% del presupuesto nacional, como en Togo, donde representa el 0,29%, en la República Democrática del Congo el 0,042% ó en Senegal el 0,2%).
En opinión de Fatou Sarr, las medidas a adoptar deberían centrarse en los Jefes de Estado (“en África, la estructura social está todavía muy jerarquizada”), a fin de que aumenten notablemente el presupuesto destinado al género, de manera que permita la consolidación de un movimiento social capaz de influir en las políticas.
Progresos importantes a pesar de todo
“Pese a las frustraciones, se han logrado cosas relevantes”, reconoce Fatou Sarr. Así, debe citarse el proyecto de ayuda a las madres muy jóvenes, que en Gabón ha permitido la construcción de once guarderías y se hace cargo de los gastos de formación de estas muchachas para su reinserción profesional. En el ámbito político, los cinco países mencionados por la socióloga no deben avergonzarse del porcentaje de representación de las mujeres en sus parlamentos (datos de 2006 ó 2007): 11% en Togo, 16,7% en Gabón, 22% en Senegal, 8,4% en la República Democrática del Congo y nada menos que el 48,8% en Ruanda, lo cual constituye algo único en el mundo. En Canadá, uno de los “mejores alumnos” del mundo occidental, la representación de mujeres en el Parlamento es del 21,3%, frente al 18,2% en Francia, al 16,8% en Estados Unidos y a tan sólo el 9,4% en Japón.
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