Luces y sombras

Tienen en común cierta forma de universalismo. Unos son hombres -Strindberg, el hombre de teatro, Ingmar Bergman, el cineasta- interesados por la comprensión de los impulsos, de los comportamientos humanos. Otras son mujeres -Astrid Lindgren y Selma Lägerlöf- utilizaron la escritura y el dibujo como armas de paz, de emancipación y… ¡de placer!

La simpática Astrid Lindgren.

¿Hay alguien que no conozca a Pipi Calzaslargas? Su nombre completo es Pippilotta Delicatessa Windowshadow Mackrelmint Hija de Efraim, esta chavalita pelirroja es una rebelde, y desde hace 64 años sigue emancipando a los niños de todo el mundo. En su universo fabuloso, ha salvado a los niños de las leyes de los adultos y del yugo escolar. No es de extrañar que haya sido víctima de la censura en los países conservadores y en las dictaduras. En 1945 emergió de la imaginación de Astrid Lindgren para el regocijo de sus hijos y las aventuras de Pipi se han traducido a más de 60 lenguas, del árabe al zulú. Extraordinaria mujer que hasta su muerte, a la edad de 95 años en 2002, luchó sin cesar por los derechos de los oprimidos, niños, hombres y animales, lo que le valió, entre otras cosas, la medalla Albert Schweitzer. Activa en política, esta mujer, considerada como una leyenda viva en Suecia, es también la propulsora de nuevas leyes en favor de los más pobres.

Astrid Lindgren fue la heredera artística de otra gran señora de las letras y de la humanidad. Selma Lagerlög, autora de la saga de Gösta Berling, una epopeya lírica, pero sobre todo de la obra El Maravilloso viaje de Olgersson a través de Suecia. Esta otra epopeya, aparecida en 1906, en realidad había sido un encargo para explicar la geografía de Suecia a los colegiales. Tres años más tarde fue la primera mujer que recibió el Premio Nóbel de literatura y, en 1914, la primera en ser admitida a la Academia sueca. Dos medallas que ofreció al inicio de la Segunda Guerra Mundial a Finlandia en su colecta de fondos para combatir a la Unión Soviética.

Hay otros viajes más tortuosos, más introspectivos, como el de August Strindberg, considerado como uno de los padres del teatro moderno. Pero este hombre, nacido en 1849,  autor, en particular, de La Señorita Julia, es también uno de los pioneros del expresionismo europeo en pintura, sin contar con sus actividades como fotógrafo, alquimista y telegrafista. Misógino, fue además socialista e incluso anarquista, lo que le valió los honores de la antigua Unión Soviética y de Cuba, aunque rechazó el socialismo después de su encuentro con Nietzsche antes de dirigir sus pasos hacia el misticismo.

La introspección psicológica es por su parte el hilo conductor de la obra de ese gigante del cine llamado Ingmar Bergman. Nacido en 1918 en Uppsala, este escenógrafo de teatro, guionista y realizador, actor al inicio de su carrera, contó en su activo, cuando falleció en 2007, con 170 obras de teatro y 62 películas. Entre ellas, la metafísica El Séptimo Sello, la psicológica Persona o Fanny y Alexandre, o también Escenas de la vida conyugal, le han valido la consideración como uno de los grandes cineastas de este siglo. Al igual que Strindberg, casado tres veces, Bergman tuvo una azarosa vida sentimental: se casó cinco veces y tuvo nueve hijos.

 

Marie-Martine Buckens

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